jueves, 27 de enero de 2011

Los genios no nacen, se hacen

Quienes sostienen lo contrario, se llevarán un duro revés, revelan recientes estudios. Desde hace mucho tiempo, se ha considerado a la inteligencia —entre otros atributos— como algo meramente genético, usamos expresiones como "atleta natural", "músico dotado" o "inteligencia innata".


Esto podría hacer creer a mucha gente que sufre una especie de "maldición genética" que les relega a una vida de mediocridad por no poseer genes privilegiados que les confieran talentos y cualidades excepcionales. Durante mucho tiempo se pensó en los genes como una especie de autómatas que repetían las mismas secuencias una y otra vez sin que pudieran ser influidos por factores externos, recién se ha comenzado a comprender mejor la mecánica de la herencia y esta idea poco a poco está cambiando.

Ahora se sabe que los genes están continuamente interactuando con su entorno, activándose y desactivándose continuamente, estos son como interruptores que habilitan unas instrucciones y descartan otras, y sus efectos varían en función de la persona que los porta.

Michael Meaney, Profesor de la Universidad McGIll en Canadá nos dice: "No existen los factores genéticos que puedan ser estudiados independientemente de su ambiente. Y no hay factores ambientales que puedan ser estudiados independientemente de su genoma. (Un atributo) emerge solamente de la interacción del gen y del ambiente".

Esta opinión es compartida por el Dr. Patrick Bateson, Biólogo de la Universidad de Cambridge, quien nos explica: "En cada caso, cada individuo comienza su vida con la capacidad de desarrollarse de varias formas distintivamente diferentes. Como si fuera una rocola: el individuo tiene el potencial de tocar un sinnúmero de diferentes melodías evolutivas. Cada melodía particular de desarrollo que es tocada es seleccionada por el entorno en el cual el individuo esta creciendo"

Esto podría llevarnos a pensar que los genes ya no tienen ninguna importancia en nuestro desarrollo, la realidad es que nuestros genes si importan, pero ahora sabemos que nuestras habilidades no están esculpìdas en piedra, todos somos diferentes y tenemos distintos tipos de potencial teórico, pero esos talentos son maleables en la medida que nuestras necesidades exigen.

En 1999, la neuróloga Eleanor Maguire escaneó los cerebros de los taxistas londinenses y los comparó con otros, cabe mencionar que Londres es una de las ciudades más complejas del mundo, los taxistas con más experiencia demostraron un mayor desarrollo en el hipocampo, que es el área del cerebro encargado de recordar las percepciones espaciales, el experimento demostró que aquellos taxistas más experimentados mostraban un mayor crecimiento en esa área del cerebro, es decir, nuestro cerebro se adapta a las exigencias.

Las personas que llevan un impecable historial académico no siempre son excepcionalmente inteligentes, algunos adaptan sus cualidades para trabajar más duro y lograr más autodisciplina a veces ocurre exactamente lo contrario, personas muy inteligentes no tuvieron una afortunada vida escolar.

Entonces, es mejor tener la convicción que de las cualidades genéticas no son inamovibles, son maleables y pueden modificarse con trabajo, determinación y el conocimiento de las verdaderas fortalezas innatas, así, se demuestra la falsedad de que la mediocridad está cincelada en la mayoría de la gente y que la grandeza puede alcanzarse por todos.

Lo leí en | BBC Mundo
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